SECCIÓN NACIONAL

jueves, 15 de mayo de 2008

ES NECESARIO RECONSTRUIR LAS ORGANIZACIONES DE LOS TRABAJADORES CHILENOS

Patricio Guzmán, Socialismo Revolucionario, CIT Chile. Marzo de 2006

Durante la mayor parte del siglo XX los trabajadores chilenos fueron representados políticamente por dos grandes partidos de masas; los Partidos Socialista y Comunista, en diferentes épocas al lado de ellos existieron otros partidos que también se proclamaban organizaciones de la clase obrera, en algunos momentos también ellos tuvieron una presencia nada despreciable en la sociedad chilena.

Hoy en día en los primeros años del siglo XXI nos encontramos con una situación completamente distinta. La izquierda chilena, los partidos y organizaciones sindicales y sociales de la clase trabajadora, los jóvenes y los pobres, se encuentran reducidos a una expresión mínima.

Ni el PC ni el PS pudieron resistir la ofensiva ideológica mundial de la reacción, que siguió al desplome de los regimenes de lo que fuera mal llamado "socialismo" en la ex URSS y Europa del Este en los años 90. No hubo necesidad de una agresión externa de los EE.UU. o de otra potencia capitalista, fue la propia nomenclatura, de cuño estalinista, en el poder la que se encargó de restaurar el capitalismo.

Después, el neoliberalismo se lanzó a profundizar su ofensiva que venía ya desde los años 70 en todo el planeta. Acabar con todas las regulaciones, con todos los resguardos sociales para los más débiles que los trabajadores y sus organizaciones habían conquistado en un siglo de dolorosos enfrentamientos sociales, pasó a ser el discurso de un pensamiento único, que a fuerza de repetirse se apoderó del sentido común de la gente con menos capacidad crítica. Restituir el estado a sus funciones primarias de represión y policía, y traspasar todas sus actividades relacionadas con la seguridad social, la educación, la salud o la producción, devolviéndolas al dominio del mercado, a la empresa capitalista privada con su lógica del mayor lucro, es el programa neoliberal.

Esta lógica da vuelta la espalda incluso al que fue el proyecto hegemónico de la burguesía en América Latina durante la mayor parte del siglo pasado, el desarrollo nacional de la industria por sustitución de importaciones, otorgándole un papel importante al estado en la construcción de la economía nacional. Los principales partidos que representaron a los sectores desarrollistas de la burguesía, como el PR y la DC, también se hicieron partidarios del capitalismo neo-liberal, respondiendo a sí a los cambios estructurales de la economía chilena, en donde la actividad exportadora de mercaderías primarias con bajo valor agregado, en una economía abierta, desplazó a la producción interna.

En Chile la lógica neoliberal, se apoderó del grueso de la intelectualidad progresista y de los dirigentes de la izquierda. Como resultado el PS, y su creación instrumental; el PPD, pasaron a gestionar y profundizar el modelo económico instaurado por la dictadura militar. En el PS sus dirigentes apostaron por desarticular los núcleos de un partido que les resultaba incómodo, lo vaciaron de militancia popular y de vida interna. El PS que había nacido a la vida política con una vocación anti-imperialista, terminó ufanándose de que un presidente de sus filas fuera quien firmara el Tratado de Libre Comercio con los EE.UU y la Unión Europea, que convierten a Chile en un país mucho más dependiente de los grandes imperialismos capitalistas. En el proceso el PS ha muerto como partido de la clase trabajadora chilena. Puede por cierto conservar cuadros y militantes para competir en las campañas electorales y contratar agencias de publicidad que le diseñen y pongan sus "productos" en el mercado, siempre habrá carreristas suficientes para disputarse el botín del estado y de los directorios de las empresas privatizadas. Pero como fuerza para la defensa de los intereses de los trabajadores y los desposeídos hay que reconocer que el Partido Socialista está muerto.

La situación del Partido Comunista es igualmente penosa. De los comunistas chilenos se decía que "cuando en Moscú llueve los comunistas salen con paraguas aunque haya sol". El PC se caracterizó por secundar todos los virajes del Kremlin, alabar sin vacilaciones los aspectos más impresentables del estado totalitario en que se convirtió la Unión Soviética, reproducir las calumnias contra otros sectores críticos de la izquierda, y sobretodo por defender e implementar la colaboración de clases desde mediados de los años 30, con consecuencias tan funestas como la ley maldita impulsada por Gabriel González Videla y el golpe de estado de 1973.

Ahora mismo, en el lapso de poco más de un mes, la dirección del PC pasó de llamar a votar por Tomas Hirsch, el candidato a la presidencia del pacto Juntos Podemos Más, con el argumento que Piñera, Lavín (abanderados de la derecha) y Bachelet (de la Concertación) eran básicamente lo mismo, representantes del neoliberalismo. En la segunda vuelta apoyaron a Bachelet para acabar con el sistema binominal que excluye al PC del parlamento, y finalmente después de la elección de Michel Bachelet como presidenta, han llegado a hablar de un acuerdo transversal que incluye a sectores democráticos de la derecha.

El socialismo ha desaparecido de la propaganda del PC, cuando el "nacional desarrollismo" ha desaparecido de los programas de los partidos burgueses, el PC parece ser la única formación en presentarlo como su único horizonte político.

Todo esto ha sembrado mayor confusión, cuando no abierto rechazo, entre sus militantes, especialmente los jóvenes.

Por las características del PC, la disolución de la URSS y sus satélites ha sido un golpe brutal que lo ha reducido a un pequeño partido, cada vez más desgastado. Sus maniobras para volver a ser aceptado como una formación parlamentaria solo le servirán para desperfilarse y acelerar su ocaso.

Entretanto los trabajadores y los pobres siguen enfrentando los continuos ataques a sus derechos y condiciones de vida de las multinacionales y las grandes empresas que a pesar de sus tremendas ganancias nunca se conforman y quieren más flexibilidad y más desregulación, para aumentar sus beneficios. Como consecuencia la distribución del ingreso, la desigualdad social, es cada vez mayor. Y el deterioro del medio ambiente se profundiza. Para ayudar a la gente trabajadora y sus familias, a resistir las consecuencias de este modelo de acumulación capitalista, y poner en pie las organizaciones sindicales y sociales fuertes. Es urgente la necesidad de reconstruir una representación política a la altura de los tiempos, con un programa de transición para sacarnos de este modelo socio económico con sus AFP (Fondos Privados de Pensiones), su sistema de salud y de educación cada vez más privatizado, y la creciente dependencia de las grandes corporaciones multinacionales. Necesitamos y el proyecto y la herramienta para abrir el camino al socialismo y la auténtica democracia.

La maduración política de los trabajadores y los jóvenes en Chile hasta ahora tiene ritmos más lentos que en muchos otros países de Sudamérica. Nunca se puede excluir una aceleración brusca de los ritmos, sin embargo, parece que la perspectiva es de un proceso lento de recuperación de la conciencia de clase independiente de los aparatos políticos de la burguesía. Un Partido de los Trabajadores se construye en relación con una base social y se nutre de movimientos sociales, tales movimientos no han estado ausentes de la vida nacional pero en general la regla ha sido de una gran atomización social. Incluso las movilizaciones no suelen sobrepasar horizontes de reivindicaciones específicas.

El estado de la conciencia social y de las organizaciones sindicales y sociales nos señalan algunas características de la lucha por la construcción del Partido de los Trabajadores:

El Partido necesariamente tiene que tener un carácter federativo, donde se puedan expresar estados distintos de la maduración política cotidiana y de los balances de las luchas y grandes derrotas del siglo XX. Por ejemplo en la última década ha emergido un sector combativo entre los indígenas mapuches, sus reivindicaciones no se limitan a un problema de campesinos pobres, incluye también a sectores de jóvenes y trabajadores urbanos mapuches, sus reivindicaciones adquieren carácter de cuestión nacional. Muchos de sus líderes se están planteando la necesidad de una organización política propia. Un partido de trabajadores de tipo federativo podría integrar una organización mapuche autónoma.

Nosotros planteamos que el limite para toda la diversidad que tiene cabida en el Partido de Trabajadores que es necesario construir, es que todos sus militantes tienen que estar de acuerdo en defender sin vacilaciones los intereses de los trabajadores y los pobres, manteniendo claramente la independencia política de la Concertación en el gobierno desde 1991, y que ahora ha llevado a Michelle Bachelet a la presidencia.

Uno de los resultados del golpe de estado de 1973, de la dictadura brutal que lo siguió, del desplome de los regímenes estalinistas, del viraje de los que fueron los grandes partidos de la izquierda, y su corolario de traiciones individuales, es una extendida desconfianza entre los activistas, un estado de ánimo sectario y autorreferente entre cientos de pequeños colectivos carentes de viabilidad política. La idea misma de partido político es combatida por muchos activistas de izquierda.

Sin embargo, las tradiciones del movimiento de trabajadores en Chile claramente apunta una y otra vez hacia la necesidad de reconstruir un Partido Político de Trabajadores de Masas, una discusión que se viene dando desde hace años. En este tiempo ha habido varios intentos de construcción. Hoy día por ejemplo, existe ya un colectivo con el nombre PT, a partir de un llamamiento por la construcción del partido, hecho publico hace un par de años, pero es evidente que no se trata todavía de un partido, sino más bien de un colectivo que lucha por construir ese partido de trabajadores . Es probable que en el futuro tengamos un tiempo de resultados parciales antes de construir efectivamente el Partido.

A partir de los resultados de las últimas elecciones presidenciales, y de la posición asumida por el PC, un reagrupamiento con dirigentes sindicales, militantes y activistas sociales está retomando efectivamente la iniciativa de construir el PT. Por la calidad y la trayectoria de muchos de quienes a convocado está iniciativa es un salto cualitativo hacia delante. El año 2006 tenemos ante nosotros la tarea de generar un polo atractivo al que se sumen muchos otros dirigentes y colectivos de militantes.

Construir un gran Partido de Trabajadores es el desafío que tenemos en los próximos años.

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