SECCIÓN NACIONAL

jueves, 15 de mayo de 2008

EL NUEVO GOBIERNO Y LAS CARAS DE LA INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA

Andrés Aravena y Pedro Albornoz, Socialismo Revolucionario CIT Chile, 9 de marzo 2006.

La visita de Condolezza Rice merece ser rechazada, sólo basta recordar las acciones militares del gobierno que representa esta señora, que causan terror en países como Irak y Afganistán. En países como el nuestro la intervención militar norteamericana en forma directa no ha sido necesaria y con excepción de Cuba y Venezuela, el imperialismo norteamericano tiene en los políticos de la mayoría de los partidos tradicionales a sus mejores defensores. En Chile esto se puede constatar en la firma de los TLC, no solo con EE.UU., sino además en las políticas económicas aplicadas por la Concertación.

En el nuevo gobierno de Bachelet queda bastante claro la orientación neoliberal de quienes estarán al mando de los principales ministerios. La mayoría de los ministros han recibido formación en las universidades norteamericanas. Si los Chicago Boys se convirtieron en los cerebros de las políticas neoliberales impuestas en Chile durante la dictadura militar, 30 años después, la elite todavía se sigue surtiendo de lo que las universidades norteamericanas producen.

En los años 70 y 80 las dictaduras y gobiernos latinoamericanos enviaban a los oficiales de las FF.AA. a aprender prácticas de tortura y represión a la escuela de las Américas, financiada por EE.UU.. Pero hoy, cuando la táctica de represión militar es rechazada y en la mayoría de los países de la región existen democracias formales, es en el campo económico donde la mano y las políticas de la clase dominante norteamericana se hacen sentir.

Nueva Presidenta;¿cuestión de género o de clase?

En un país tremendamente conservador como el chileno, el que por primera vez en la historia una mujer ejerza el cargo de Presidente, sin duda tiene un significado especial para la sociedad. Muchos hablan confusamente del llamado "cambio cultural" que ha experimentado la sociedad chilena en los últimos años y que, supuestamente la elección de Bachelet ha confirmado. Sin embargo este llamado "cambio cultural" esta más bien determinado por el ánimo de rechazo de grandes sectores de la sociedad, particularmente de la juventud, hacia quienes están en el poder, en la defensa de las leyes y conductas represivas y discriminadoras contra el género femenino, las minorías sexuales, los pueblos indígenas y todo lo que huela a diferencia con la cultura y formas de vida de la burguesía. Es decir, un rechazo a toda la elite política chilena representada en sus partidos, particularmente la UDI, RN y DC, los cuales evidencian claramente síntomas de crisis internas, especialmente después de las elecciones de diciembre del 2005.

Que una mujer gobierne no significara nada, mientras sigan existiendo las leyes y actitudes actuales que nada serio hacen para, por ejemplo, otorgar derechos reproductivos a las mujeres, acceso gratuito a la salud; donde la mujer pueda ser quien elija y planifique su maternidad, garantizando, entre otros derechos reproductivos, el derecho al aborto. Bajo las actuales leyes, una mujer simplemente no tiene derecho a elegir.

Por otro lado, los sueldos para las mujeres seguirán siendo inferiores a los de un hombre, independientemente de sus capacidades, sólo por el hecho de ser mujer. Esto continuará mientras se mantenga el tipo de relaciones de propiedad y sociales características del capitalismo.

Miremos un caso concreto, Condolezza Rice, es mujer, es negra ¿cambió algo esta presencia femenina en el gobierno de EE.UU?.Esto no le impide ser una ferviente defensora de toda la agresividad y ambición de la clase dominante norteamericana (blanca en su mayoría), que invade países como Irak o que amenaza con las penas del infierno a todo aquel que desafíe su poder, como lo ha hecho con Chávez en Venezuela. También basta recordar a Margareth Thatcher en Inglaterra que como Primera Ministro encabezó los más violentos ataques a las condiciones de vida de la clase trabajadora británica.

Capitalismo amable o la izquierda renovada gobernando

Muchas de las expectativas para el nuevo gobierno descansan en lo que ha generado - con mucha ayuda de agencias de publicidad del sistema- la figura de Bachelet. Se nos dice; que es mujer, que es socialista, que es separada, madre soltera y agnóstica. Estas características claro que son una novedad si las comparamos con la mayoría de los anteriores jefes de gobierno que ha tenido el país. Son estas características simbólicas de la futura presidenta, las que han hecho que muchos que se declaran de izquierda, vean en Michelle Bachelet un supuesto gobierno progresista.

Hay quienes ven –erróneamente- al nuevo gobierno como parte de la ola anti-neoliberal que esta teniendo lugar en varios países de nuestro continente, en esto a ayudado la actitud servil de un sector de la izquierda que ha ayudado a hacerle un lavado de imagen a una ministra neoliberal de dos gobiernos de la Concertación. El remoto pasado de izquierda de la nueva presidenta le ayudo para conseguir el apoyo de una parte de la izquierda tradicional que no quiere entender (porque esto es evidente) que no existen diferencias entre la Concertación y la derecha

Sin embargo y tal como Ricardo Lagos, esta figura solo es la continuación de una táctica calculada de parte de la clase dominante chilena que todavía debe utilizar a la alianza de gobierno, los vínculos políticos del pasado y la memoria histórica para levantar figuras que cumplan los requisitos básicos necesarios para integrar y estar a la cabeza del poder político.

Estos atributos podrían ser por ejemplo; un pasado militante en organizaciones o partidos que eran de la clase trabajadora -como el PS o PC-; que se haya opuesto visiblemente a la dictadura y, lo más importante, que tras la caída del muro de Berlín se haya renovado completamente y abrazado las ideas capitalistas, sobre todo las neoliberales. La nueva presidenta cumple con creces estos requisitos y además se preocupo de incluir en su currículo su estadía en EE.UU. aprendiendo las lecciones de defensa impartidas por el país que comploto contra el gobierno popular de Salvador Allende y que hoy invade Irak y masacra a miles de mujeres y niños irakíes.

El nuevo gobierno, desde su presidenta para abajo, pasando por todo su gabinete, será tanto o más pro-empresarial que los anteriores. Nada indica que habrán verdaderas soluciones a los problemas que enfrentamos todos los trabajadores. Los proyectos de ley que se anuncian no serán más que retoques para un "sistema democrático" que se pudre y que revela la incapacidad de los mismos políticos que se benefician y defienden el actual sistema. Mas maquillaje es lo que veremos en el próximo nuevo gobierno.

Lo que realmente importa

Nada se ha dicho para mejorar los estándares de vida de la población, del necesario aumento de los sueldos o de reducir la jornada laboral de los trabajadores. Este gobierno no defenderá el robo y los abusos de las AFP o las Isapres, más bien se sentara a negociar con sus dueños una forma para evitar que sus escandalosas ganancias, a costa de los trabajadores, dejen de ser un foco de atención. En cuanto a las pensiones, se ha dicho que habrá cambios, pero lo único concreto en esto es que se planea subir la edad para jubilar.

¿Reforma o contra-reforma?

Tampoco se habla de exigirle claramente a las compañías transnacionales que tienen que pagar por los recursos no renovables que se han robado y por el daño medioambiental y económico de sus mega-proyectos de explotación. El gobierno de Bachelet podrá tener todos los símbolos que quiera para empatizar con la población, pero no tiene lo que al final del día sirve para saber si será un gobierno que defienda a los trabajadores, que plantee con un programa claro que las cosas serán mejor, es decir, con buena salud, buena educación, buenos trabajos, tiempo libre, buenas jubilaciones, un buen medio ambiente, y una mejor sociedad que la que impone el capitalismo y sus defensores.

Tiempo para una nueva alternativa política de los trabajadores y la juventud

En definitiva los jóvenes y trabajadores no podemos confiar en que el nuevo gobierno defienda nuestros derechos, no la hecho ni lo hará. Sólo podemos confiar en nuestras propias fuerzas, debemos reconstruir nuestras organizaciones para luchar por nuestros intereses el próximo período. Pero toda conquista será temporal bajo este sistema, una mejora en los salarios hoy se perderá con un alza en los alimentos mañana. Por eso ahora es más necesario que nunca levantar nuestra alternativa al actual sistema, comenzar a levantar una organización política de clase que sume a los jóvenes y trabajadores para luchar contra el capitalismo y por una sociedad socialista democrática.

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