SECCIÓN NACIONAL

lunes, 6 de abril de 2009

Chile: La discusión que dio nacimiento al MOVIMIENTO DE LOS PUEBLOS Y LOS TRABAJADORES

DOCUMENTO BASE PARA DISCUSIÓN DE COMISIONES (ESTÁ FUNDADO SOBRE LAS PROPUESTAS LLEGADAS A LA MESA COORDINADORA)



ENCUENTRO UNITARIO DE ABRIL DE 2009



CONTEXTO Y COYUNTURA


La coyuntura actual está determinada por la crisis mundial que atraviesa el capitalismo. La crisis estalló entre julio y agosto de 2007 a través de la denominada “burbuja inmobiliaria” o “crisis subprime”, que se expresó en la contaminación indeterminada del sistema financiero internacional mediante la transacción de instrumentos especulativos tóxicos –paquetes de deudas hipotecarias sin valor-, arrastrando a la quiebra a gigantes de la banca mundial, en su primera fase. Sin embargo, sus antecedentes se remontan a principios de los 70’ del siglo XX, cuando, debido a la sobreproducción irracional y la baja tendencial de la tasa de ganancia de la minoría dominante –fenómenos consustanciales al sistema capitalista-, el imperialismo norteamericano decidió resolver la crisis a través del término del patrón-oro que respaldaba al dólar con el fin de imponer la financiarización mundial. El eje de dominación norteamericano, ante el reflujo de las fuerzas sociales del trabajo y la implosión de los denominados “socialismos reales”, impuso un nuevo patrón de acumulación capitalista fundado en la hegemonía del capital financiero, el cual subordinó y subordina bajo su movimiento especulativo a los capitales industrial y comercial. Asimismo, profundizó las relaciones de dependencia establecidas por la división internacional del trabajo, donde a Chile le corresponde dotar de recursos naturales (cobre, madera, pescado) con pobre valor agregado a los Estados capitalistas centrales y Asia, y mediante un mercado del trabajo baratísimo.. Pero el proceso de financiarización planetaria es parte de una ofensiva estratégica que contiene una batería de medidas implantadas por las instituciones creadas por el imperialismo hacia fines de la segunda guerra mundial (Bretton Woods), como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), y, posteriormente, por la fundación en 1995 de la Organización Mundial del Comercio (pre determinada por el Consenso de Washington de 1990). En conjunto, como una sola estrategia imperialista, el capitalismo, efecto de su propia dinámica demoledora de fuerzas productivas, impuso a los Estados dependientes y a la periferia mundial la privatización de sus recursos y servicios sociales estratégicos; el ahorro y contracción fiscal (aval de la burguesía en aprietos); la flexibilidad y precarización del empleo; el aperturismo comercial asimétrico más extremo (mediante los tratados de libre comercio); la concentración monopólica y transnacionalizada de la economía; el control absoluto, unidireccional y propagandístico de la burguesía respecto de los medios de comunicación de masas; y la represión contra toda iniciativa proveniente de los intereses de los trabajadores y los pueblos. Mientras tanto, los Estados centrales, como la Eurozona y Japón, y en especial, EEUU, para sí mismos aplicaron políticas proteccionistas. El imperialismo norteamericano en particular, adeuda pública y privadamente cifras astronómicas para mantener sus niveles de vida –hoy en detrimento profundo- y se sostiene sobre la industria armamentista más poderosa del planeta y coludida con el Estado. La guerra también es consustancial al imperialismo. La necesita tanto para hacerse de recursos energéticos que no posee (Irak, Afganistán), como para resolver sus crisis de sobreproducción, crisis económicas y control mediante la reconstrucción de los países invadidos a través de corporaciones norteamericanas para-estatales.

Durante la primera parte de 2009, ya se han declarado en recesión económica (es decir, crecimiento negativo sostenido y alto desempleo) EEUU, la Eurozona, Canadá, Japón y China, entre otros. Algunos analistas del poder ya plantean la eventualidad de una depresión a escala mundial (profundización estructural y a largo plazo de la recesión). El jefe de Inteligencia del gobierno norteamericano ha situado la crisis económica como el problema esencial que debe enfrentar ese Estado, por sobre la “guerra contra el terrorismo”, afinando su puntería sobre posibles explosiones sociales internas.



Como expresión de un concierto crítico e interdependiente del capitalismo, junto a la debacle económica en curso, se agrega la crisis energética basada en los productos finitos de la Tierra; la crisis alimentaria (por la desviación de la explotación agrícola hacia agrocombustibles, la especulación sobre los precios de los alimentos y la sequía coyuntural que afecta a amplias zonas del mundo); la crisis ecosistémica y climática; y la crisis devenida de la escasez de agua. La totalidad de las manifestaciones de la crisis evidencian el agotamiento de un modo de producción, ya maduro, fundado en el desarrollismo irrefrenable, la desregulación y la ganancia. Hoy el capitalismo pone en vitrina sus límites históricos, destruyendo fuerzas productivas y arriesgando la propia sobrevivencia de la humanidad.



Efectos de la crisis



Las consecuencias más gravitantes de la crisis capitalista para la mayoría trabajadora mundial, regional y chilena se manifiestan en el aumento de la pobreza, el hambre, la cesantía, la delincuencia altamente organizada, la corrupción, la desigualdad, la polarización objetiva de las clases antagónicas, y el empeoramiento general de la vida. Para intentar sortear la crisis y sostener sus tasas de ganancia, el capitalismo planetario intensifica la explotación, multiplica el desempleo, y usa los recursos estatales para rescatar al capital. En este sentido, están en juego dos vías complementarias: el aumento de la explotación de la clase trabajadora y la regulación transitoria del capital financiero, llegando incluso a nacionalizar temporalmente empresas en quiebra. Asimismo, se abre un período de disputa intercapitalista al agudizarse la competencia ante mercados deprimidos; se concentra el capital mediante monopolios transnacionales y se fortaleza la dependencia política y económica de la periferia respecto de los centros imperialistas. Lo precedente en un contexto donde China, India y Rusia caminan hacia la formación de un bloque que relativiza, dentro del mismo capitalismo (aunque sea de Estado, como en el caso chino), la hegemonía absoluta de Estados Unidos.



Por abajo, en diversas partes del mundo, las condiciones del movimiento impuesto por la crisis capitalista aumentan el descontento social, se alienta la organización popular y se explicita un nuevo ciclo de lucha de clases.



La síntesis anterior comporta los fundamentos de la actual crisis económica mundial y es la plataforma global sobre la que desenvuelve la realidad chilena.



Chile

Chile, después de Brasil, es el país más expuesto económicamente del Continente; está entre las 15 naciones con peor distribución de ingresos en el mundo, y ocupa el lugar 11 entre 185 países del ranking de desregulación económica y “libre mercado”. Desde el último trimestre de 2008, el país sufre la destrucción de fuerzas productivas (trabajo e industrias) en las áreas de la construcción, la minería, el comercio, la producción salmonera, las forestales y la banca. Según cifras de instituciones universitarias, entre el tercer y cuarto trimestre de 2009, el desempleo puede alcanzar el 15 % (más de un millón de personas), y los más afectados serían los jóvenes (que en promedio ganan 2/3 menos que un asalariado promedio por el mismo trabajo) y las mujeres (que ganan 1/3 menos que un asalariado promedio por el mismo trabajo). En general, se asiste a un período de quiebra de pequeñas y medianas empresas y salvatajes fiscales a las corporaciones estratégicas a través de planes que se limitan a ofrecer liquidez al gran capital directa o indirectamente (subvenciones a la oferta), descalcificando paulatinamente el erario público. Asimismo, los intelectuales orgánicos de la burguesía mundial y nativa ya han declarado al país en recesión. Ella se ilustra, entre otras variables, por medio de la caída de inversión productiva, de las importaciones y exportaciones en alrededor de un 50 % respecto del mismo período del año anterior en las ramas fundamentales que sustentan la dinámica económica nacional; la debacle de los precios de los recursos primario exportables a nivel internacional y criollo; la baja vertical del PIB en los últimos tres trimestres; la contracción del consumo y el crédito; y la cesantía. La Concertación que administra el Estado por el momento implementa programas de trabajo precario para sostener la paz social que requiere la reproducción del patrón de acumulación capitalista, mientras se blinda políticamente ante la eventual explicitación de la lucha de clases. Abiertamente, el Estado reprime las luchas sociales e indígenas, y las castiga jurídicamente. Asimismo, promueve la ideología de la clase que domina a través de “la unidad nacional”, “el pacto social”, la alienación asociada al miedo y el sobreendeudamiento, y la retórica analgésica y disuasiva. Por abajo, las condiciones objetivas potencian el resurgimiento de sectores de pueblo en lucha, vanguardia potencial del movimiento real de los trabajadores y el pueblo.



Políticamente, tanto la Concertación como la Alianza por Chile representan los intereses de la clase que domina mediante un solo bloque en el poder, diferenciado por matices cosméticos.

El desgaste, desprestigio popular y ausencia de sentido de la componenda en el gobierno desde hace 18 años; la crisis capitalista; las elecciones presidenciales y parlamentarias de fin de 2009; y la ofensiva de la derecha histórica, son algunas variables que podrían explicar el reordenamiento general de las fuerzas políticas que, en conjunto, reflejan los intereses de las fracciones de clase realmente existentes en Chile. Es así como el candidato de la burguesía más violenta, dogmática y conservadora, el empresario Sebastián Piñera, debe conceder, por un lado, bajo las presiones de la ultraderechista Unión Demócrata Independiente (UDI) que un pinochetista de talla mayor, como Jovino Novoa presida la Cámara Alta; mientras, por otra parte, ofrece medidas populistas y mucho más mediáticas que fundamentadas para encarar la crisis económica. Al respecto, ex dirigentes de la Concertación, como los líderes de Chile Primero, Fernando Flores y Jorge Schaulson, ya se han declarado “piñeristas”, en tanto el Partido Regionalista Independiente (PRI) del ex democratacristiano Adolfo Zaldívar, continúa flirteando con el conglomerado ultraderechista. Por su ladera, la Concertación se bate en reyertas intestinas, procurando atar desesperadamente sus desprendimientos. Ya se fue el senador socialista Alejandro Navarro, el diputado Marcos Enríquez-Ominami sostiene su precandidatura presidencial más allá de las amenazas de la dirección del Partido Socialista, y el precandidato José Gómez, del Partido Radical, insiste en medir fuerzas con Eduardo Frei Ruiz Tagle. La descomposición profunda de la Concertación ha llegado al punto de que el senador Ricardo Núñez –respaldado ampliamente por el denominado “laguismo”- propuso la creación de un megapartido que fusione orgánica y políticamente al Partido Socialista, al Partido Por la Democracia y al Partido Radical. La eventual tienda persigue la sintonía política interna de la cual carece el conglomerado concertacionista para pavimentar el camino de una reedición de la actual Presidenta Bachelet (¿O del mismo Lagos?) para las elecciones de 2013. Mientras tanto, el candidato Eduardo Frei Ruiz Tagle hace guiños fotográficos a la izquierda tradicional agrupada en torno al Partido Comunista, en tanto recibe los tiros de la ultraderecha debido a su colaboración explícita y pecuniaria a la dictadura militar en sus primeros tiempos, denuncias que buscan desmoronar su pretendido “intachable” compromiso con la democracia electoral.



La izquierda tradicional y de impronta socialdemócrata encabezada por los precandidatos presidenciales Guillermo Teillier, Tomás Hirsch y el ex funcionario y dirigente de la Concertación y el Partido Socialista, Jorge Arrate, también ha sufrido trizaduras tras su objetivo de incorporarse a algún escaño en el parlamento. Es así que el líder del Movimiento de Acción Social (MAS), Alejandro Navarro, abandonó recientemente esa convención bajo argumentos vinculados a que todo estaría ya resuelto por arriba para que Arrate fuera el candidato presidencial de la izquierda tradicional, dejando sus propias aspiraciones al respecto “fuera de juego”. Más allá de las acusaciones mutuas, el acuerdo de esta franja política aminora sus capacidades de negociación, tal como lo demostró la oferta parlamentaria de la Concertación a fines de marzo que, en principio, fue rechazada por el PC y su órbita, en el contexto del llamado “pacto instrumental” basado en doblajes contra la derecha histórica en un número preciso de circunscripciones parlamentarias. De manera clara, la izquierda tradicional y socialdemócrata hipoteca cualquier proyecto al servicio de los intereses de los trabajadores y los pueblos a cambio de eventuales y limitadísimos representantes parlamentarios, esgrimiendo la vieja y derrotada fórmula de colaboración de clases, acuerdos por arriba y sin pueblo, y un reformismo descafeinado.



De acuerdo al contexto genuinamente existente, la contradicción esencial del período y la coyuntura es la construcción multidimensional de la hegemonía de los intereses de los trabajadores y el pueblo, versus la hegemonía de la burguesía transnacionalizada y el imperialismo.


PRINCIPIOS, HORIZONTE, TAREAS



Pese a la profundidad de la crisis capitalista en curso, un modo de producción de siglos y con carácter de civilización no se derrumbará sólo por sus propias contradicciones internas, como ha sido demostrado trágicamente. Las crisis del capitalismo comenzaron hace más doscientos años y ahora sólo estamos sufriendo la última, independientemente de sus dimensiones planetarias, variables agravantes y de su fin impreciso. Las contradicciones asociadas a la lucha entre el capital y el trabajo, entre la producción social de la riqueza y su apropiación privada, pueden sobrevivir largamente sino se construye una fuerza social transformadora capaz de imponer una nueva sociedad, esta vez, fundada en la igualdad, la libertad y el bienestar de toda la Humanidad. Es decir, en la socialización de los medios de vida.


En el marco de la crisis capitalista actual, las organizaciones sociales y políticas, y las personas reunidas en el Encuentro Unitario del 4 y 5 de abril en Santiago de Chile tienen como objetivo histórico común la construcción de un nuevo instrumento político federativo de masas. De acuerdo a los principios convenidos ampliamente, el naciente movimiento de los trabajadores y los pueblos se edifica para disputar la hegemonía de la minoría dominante en el poder sobre los pilares del socialismo anticapitalista, el antiimperialismo, el latinoamericanismo y el internacionalismo, y para alcanzar, mediante todas las formas de lucha y de acuerdo a los modos y dinámicas impuestas por la propia lucha de clases, una sociedad sin clases, solidaria, libertaria y liberadora. El instrumento político de los trabajadores y los pueblos en lucha propugnará la unidad más extensa de la mayoría castigada por el capitalismo desde la independencia política de los intereses de la clase trabajadora respecto de la burguesía, el Estado y sus expresiones políticas e institucionales. Asimismo, su eje de construcción privilegiado será el poder popular y el protagonismo de los pueblos en los procesos políticos, desde la base, antiburocratistamente, y muy lejos de la Concertación, la Alianza por Chile, y cualquier agrupación o partido que suscriba acuerdos electorales o tácticos con la actual componenda en el gobierno.


El movimiento de lucha directa en construcción, abogará por la implementación de los derechos humanos en sus dimensiones económicas, políticas y sociales; regirá su comportamiento por una ética revolucionaria insobornable, la paz mundial y la imposición del valor-trabajo socialista contra el precio-trabajo capitalista.
Sobre la anterior plataforma de principios convenidos, el instrumento político federativo de masas de los trabajadores y los pueblos en lucha organizará la unidad popular a partir de las demandas concretas de la mayoría explotada y una agenda de acción colectiva que se expresará de manera diversa en los territorios, regiones, comunas, lugares de trabajo, sectores, reivindicaciones de género, sexuales, medioambientales y pueblos indígenas. El instrumento político federativo en vías de convertirse en actor y sujeto político visible y protagónico del quehacer político en Chile, perseguirá la sintonía e integración de los jóvenes, los trabajadores de la cultura y los intelectuales del campo popular.


La construcción del nuevo referente sintetizará en su seno y movimiento creciente las mejores tradiciones y empeños rebeldes y revolucionarios de la historia de Chile, Latinoamérica y del mundo, como continuidad y ruptura, como memoria de lucha popular y horizonte de hegemonía de los trabajadores y los pueblos.
Las fronteras de la discusión y del quehacer están dispuestas. De la estatura política, creatividad, generosidad y responsabilidad histórica de todas y todos depende el éxito de nuestro empeño unitario.




PLATAFORMA DE LUCHA COMÚN: LAS DEMANDAS DE LOS TRABAJADORES Y LOS PUEBLOS

· ¡POR EL DERECHO AL TRABAJO, MARCHEMOS HACIA LA HUELGA GENERAL !


· Defensa del empleo y rechazo a la disminución del salario.
· Reducción de horas de trabajo para detener la cesantía, sin perder el precio del salario, ni su poder de compra.


· Creación de bolsas de trabajo por rama económica y comités de cesantes unidos a los sectores activos de trabajadores y bajo control de los trabajadores.


· Fin de las AFP y establecimiento de un sistema de seguridad social fundado en el reparto solidario, el financiamiento tripartito (Estado, patronal, trabajadores), y la participación sustantiva de los trabajadores en su administración.


· Eliminación del IVA a los alimentos de primera necesidad y rebaja sustantiva del precio de los servicios básicos, como el agua y la luz.


· Trasporte público gratuito para los trabajadores cesantes, los estudiantes y la tercera edad.
· Seguro de cesantía de financiamiento estatal y patronal y que alcance para vivir con dignidad.


· Nacionalización de las empresas e industrias con participación estratégica de sus trabajadores que, recibiendo aportes estatales, continúen destruyendo empleo.


· A igual trabajo, igual salario, tanto para los trabajadores subcontratistas, las mujeres trabajadoras y los jóvenes.


· Una banca al servicio del trabajo y no el trabajo al servicio de la banca.


· Condonación de deudas habitacionales.


· Políticas nacionales de industrialización y trabajo productivo, estable, y sustentable medioambientalmente.


. Fin a la ley que impide la inversión por parte del Estado.


· Educación pública estatal, gratuita, laica y universal en todos los niveles. Fin a la municipalización y a la enseñanza particular-subvencionada. Promoción del deporte y edificación amplia de la infraestructura necesaria para beneficio de la infancia y juventud de las grandes mayorías.


· Por un sindicalismo al servicio de los trabajadores y no de los patrones y sus partidos políticos.


· Nacionalización del sistema de salud privado; superior presupuesto estatal y fin a su privatización parcial.


· Nacionalización de los recursos naturales estratégicos, con participación determinante de los trabajadores (propiedad social), y nacionalización de las empresas encomendadas para generar, administrar y distribuir los servicios públicos básicos para una vida digna y soberana de todos y todas: Transporte público, agua, electricidad, salud, vivienda, educación y seguridad social.


· Renacionalización del cobre.


· Nacionalización de la Banca.


· No pago de la deuda externa (cuyo aval es el Estado). Independencia respecto del FMI y el BM. Rompimiento con el TLC. Fin a la participación chilena en las “Fuerzas de Paz” de la ONU empleada contra los pueblos del mundo.

· Que el Internacionalismo de los trabajadores y los pueblos se exprese en la participación en el Encuentro de los Trabajadores de América Latina y el Caribe (ELCA), y en otras instancias mundiales cuyos principios coincidan con los del instrumento político federativo.


. Solidaridad e integración entre los pueblos de América o abya ayala. Defensa y respeto por el medio ambiente pacha mama, ñuke mapu.


· Refundación política y jurídica de Chile a través de una Asamblea Constituyente que tenga por objetivo la elaboración de una nueva carta fundamental.


· Reconocer la condición multinacional y pluricultural del Estado de Chile.


· Respeto y defensa a la diversidad sexual, de género, y la libertad que implican los derechos sexuales y reproductivos.


· Apoyar con fuerza las luchas y peticiones de todos y todas las familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos en su justa pretensión de castigo efectivo a los culpables. De igual forma, rechazar las medidas de prescripción así como la aplicación velada de la ley de amnistía en los juicios por violaciones a los derechos humanos cometidas entre 1973 y 1990.


· Terminar con la entrega del 10% de las utilidades del cobre a manos de las Fuerzas Armadas; que estas platas sean destinadas a objetivos sociales.


. Terminar con el Servicio Militar Obligatorio y con el actual carácter y rol de las Fuerzas Armadas chilenas.


. Reforma Agraria.


. Fin de la pesca de arrastre predatoria y garantizar los derechos de los pescadores artesanales.


. Establecer una alianza entre el pueblo pobre, los feriantes y los pequeños productores agrícolas y pescadores artesanales.




ASPECTOS ORGÁNICOS COMUNES:



CRITERIOS

El nuevo instrumento político federativo y en lucha debe sostenerse y funcionar bajo los criterios comunes de la revocabilidad y también la posibilidad de reelección de sus dirigentes democráticamente escogidos. Las agrupaciones de la Federación no deben perder su identidad política. La construcción orgánica tiene que originarse desde la base y tomando el Territorio como eje de participación. En todos los niveles, cada persona equivaldrá a un voto, y a todos se les garantiza el derecho de disentir. En las construcciones abiertas y de masas del nuevo instrumento político federativo pueden participar personas que no militen en ninguna de las organizaciones reunidas. Las decisiones de todas las instancias de la organización alcanzadas por consenso deben ser vinculantes para todas las personas y organizaciones participantes.



INSTANCIAS

La Convención Nacional será la máxima instancia de decisión política del instrumento federativo en construcción. Su funcionamiento debe determinarse periódicamente. Se promoverán instancias de coordinación territorial, comunal, regional, sectorial, espacios de intervención social o sensibilidades comunes en temas específicos. Se establecerán Comités de Base, integrados por militantes de las distintas agrupaciones, como de militantes independientes del nuevo empeño. Tiene que existir una Dirección o Coordinación Colectiva en cuyo seno esté representado el conjunto de agrupaciones que constituye el instrumento político federativo. A lo anterior, se agrega la generación de equipos de comunicaciones, agitación y propaganda; y finanzas.




SOBRE LA LUCHA ELECTORAL



La Convocatoria al Encuentro Unitario, sobre el ámbito electoral, señala claramente : “En el proceso de acumulación de fuerza una multiplicidad de formas de lucha serán impulsadas, siendo lo electoral un elemento que debe discutirse ampliamente y de acuerdo a los contextos pertinentes, y que puede manifestarse de variadas formas; ya sea a través de un instrumento legalizado o con candidaturas autónomas o candidaturas levantadas por organizaciones sociales, y de ser necesario, con campañas de abstención y/o voto nulo.”


Al respecto, la mayoría de las propuestas documentadas de las agrupaciones, no se pronunciaron abiertamente sobre el tema. De este modo, para establecer el debate existen dos posiciones que sí se plantean de forma concreta sobre el ámbito electoral. La del SOL-PP y la del MPMR.


La primera organización señala que “creemos fundamental y estratégico legalizar este instrumento antes de las próximas elecciones municipales, para que en dicha confrontación electoral el proletariado y los pobres de Chile tengan una alternativa clasista y de lucha con la cual identificarse. La fecha máxima para lograr este objetivo es 2011, lo que implica empezar este desafío durante el 2010.”


Por su parte, el MPMR, indica que “En el plano electoral pensamos que la posible legalización de un instrumento es una etapa superior al que nos encontramos hoy. Sólo cuando logremos transformarnos en un referente de lucha popular, con identidad propia, con reconocimiento político y respaldo social, estaremos en condiciones de enfrentar una tarea de esa magnitud.”


Ambas miradas concentran, de algún modo, las líneas más explícitas de cómo abordar la lucha electoral. Este documento cumple su labor de poner a disposición del colectivo los argumentos más claros sobre el tema, con el fin de discutir y decidir democráticamente sobre el mismo.



Equipo de Sistematización de Contenidos

Mesa Coordinadora

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